domingo, 14 de octubre de 2012

(230965) 2004 XA192, "La justicia no tiene nada que ver con la venganza" (Batman Begins)

(230965) 2004 XA192 es un objeto del disco disperso que se decubrió en diciembre de 2004, aunque existe una captura fotográfica, previa al descubrimiento, que se remonta al año 1989. Tiene un perihelio de 35.5 UA y un afelio de 58.7 UA (objeto del disco disperso con afelio corto). Tiene un diámetro de unos 400 km.

La inteligencia emocional de (230965) 2004 XA192 se orienta hacia el control de los sentimientos de venganza, en favor de los principios de justicia, al igual que en la película "Batman Begins" (2005) o al final de la película "La novia cadáver" (2005). Por otro lado, (230965) 2004 XA192 confiere la fuerza interior necesaria para emprender acciones legales, a diferencia del director de TV de la película "Crash" (2004), que no confía en la justicia cuando tiene que denunciar abusos de autoridad y se reprime hasta acabar desequilibrado.

viernes, 12 de octubre de 2012

(174567) Varda, las emociones que acompañan a la consciencia cuando se descubre que existen vías de comunicación e interacción adicionales

(174567) Varda está relacionado con variaciones en el estado de intimidad, al igual que sucede en la película "Viernes 13" (1980), cuando una de las chicas del grupo cree ver a alguien en el bosque, al otro lado del lago, observándoles.

En realidad, este principio es generalizable a las situaciones en las que existen multiples vías de comunicación e interacción. En general, (174567) Varda está relacionado con las emociones que acompañan a la consciencia cuando se descubre que existen vías de comunicación e interacción adicionales que no se habían tenido en cuenta, al igual que sucede en la película "El mito de Bourne" (2004), cuando Pamela Landy recibe la llamada de Jason Bourne y durante la misma se da cuenta de que éste, además, mientras habla con ella, también manteniene contacto visual desde un edificio cercano mediante prismáticos.

video
"La boda de mi mejor amigo" (1997)

sábado, 6 de octubre de 2012

Obediencia ciega a la autoridad (entrevista a Philip Zimbardo)

Philip Zimbardo:
Desde pequeño, siempre creí en el poder de la situación para moldear a las personas, para bien o para mal. Mi experimento es como una tragedia griega: ¿qué pasa si pones a buenas personas en un lugar malvado? ¿Las buenas personas dominan y cambian la maldad del lugar, o bien el mal lugar corrompe incluso a los buenos? El experimento de Milgram, que precedió al mío, tenía que ver con el poder de la situación, pero con una autoridad fuerte que presionaba a alguien para que hiciera daño a otra persona.

Eduard Punset:
Recordémosles un poco a los espectadores cuál era la esencia del experimento de Milgram…
 

Philip Zimbardo:
Claro. En el experimento de Milgram participó una cifra muy importante de personas, unas 1000, en los Estados Unidos, con unas edades comprendidas entre los 20 y los 50 años. No eran estudiantes, sino ciudadanos corrientes. Mayoritariamente hombres. Para resumir, el experimentador les decía a los participantes: «queremos ayudar a mejorar la memoria de la gente. Lo haremos del siguiente modo: tú serás el profesor y él el aprendiz, y cuando haga algo bien, perfecto; pero, cuando se equivoque, le aplicarás descargas eléctricas, porque queremos ver si así mejora el aprendizaje». Todo arrancaba con una buena ideología: que la ciencia quería ayudar a mejorar la memoria, así que los participantes creían que hacían algo bueno. Había un aparato con interruptores para activar las descargas, y la primera que supuestamente se aplicaba (porque el aprendiz era un actor en realidad) era de 15 voltios. A partir de ahí cada incremento era de 15 voltios: 15, 30, 45… pero de repente, al llegar a 100, el actor empezaba a gritar desde la otra habitación: «lo dejo, no puedo más»… Si el participante era bueno, se giraba hacia el experimentador y le decía: «señor, ¿quién será responsable si le pasa algo?» La respuesta era: «Yo me responsabilizo, soy el experto, tú tienes que continuar». Y ahora eran 100, 200 voltios… El otro gritaba y gritaba… Y así hasta los 450 voltios, el máximo.
 

Eduard Punset:
Suficiente para matar a alguien, casi.
 

Philip Zimbardo:
Bueno, por lo menos para dejarle inconsciente. Al llegar a 375, se oía un grito y luego silencio. Y el participante decía: «señor, algo va mal». Pero se le respondía: «tienes que continuar». Milgram preguntó a cuarenta psiquiatras qué porcentaje de ciudadanos estadounidenses creían que llegarían a aplicar 450 voltios. Su respuesta fue que el 1%, solamente los sádicos. Sin embargo, se equivocaron. ¡Dos de cada tres personas llegaron hasta el final! Incluso si el otro chillaba, incluso si decía: «¡quiero marcharme, ¡tengo problemas de corazón!». Esto se llama obediencia ciega a la autoridad. El experimento demostró que, desde pequeños, se nos enseña a obedecer a la autoridad. Y normalmente la autoridad es buena: los padres, el cura, el rabino… pero no sabemos qué hacer cuando alguien bueno se vuelve malo: cuando un profesor es cruel con los estudiantes, o un padre abusa de sus hijos… Y Milgram demostró que la mayoría de las personas podían cruzar fácilmente la línea que separa el bien del mal, con buenas intenciones, y decir: «estoy ayudando a esta persona», pero le ayudaban matándole.

http://www.redesparalaciencia.com/wp-content/uploads/2010/04/entrev54.pdf